Formación

Habla, Señor: Domingo XIV del Tiempo Ordinario (4 de julio de 2021)


Primera Lectura: Ezequiel 2,2-5

La misión se compone de dos condiciones necesarias: la llamada y el envío, ambas requieren de una actitud de escucha, obediencia y capacidad de entrega. La vocación y envío de Ezequiel se realizan a través varias experiencias personales, que llegan a su cima, con la comida de un pergamino que contenía la Palabra de Dios.

Después de contemplar el poder de la gloria de Dios, cae rostro en tierra y oye una voz que le dice: “levántate te voy hablar” (1,28-2,1); al oírlo, un espíritu entra en él, le hace permanecer de pie y el Profeta escucha con atención al que le habla. Esta primera experiencia de Ezequiel nos da una clave para la escucha y contemplación a Dios, él no ve a una persona en particular, pero lo siente en su interior, experimenta que es el espíritu que lo mantiene de pie mientras escucha la voz del que le habla.

¡Dios nos habla al corazón y desde el corazón!

La misión conferida es intransigente como sincera: “hombre yo te envío a los israelitas”, el mandato es urgente y no admite consultas, dilaciones, ni “peros”; Ezequiel debe ir a su propio pueblo que se ha rebelado contra Dios de la misma manera que los mayores; quienes debían apuntalar la fe, se sublevaron en su contra hasta ese mismo día. No sólo se le revela la urgencia de la misión, sino también que no será fácil, porque lo envía a hablar a “hombres obstinados y de corazón endurecidos”. Le escuchen o no, Ezequiel deberá decir: “así habla el Señor”, acepten o no su palabra, de esta manera, estos hombres rebeldes sabrán “que hay un profeta en medio de ellos”.

¡La misión no consiste en lograr éxitos, ni conseguir réditos económicos, o reconocimientos sociales, sino en ser fiel a la voluntad de Dios, aunque esta redunde en incomprensiones o sufrimientos personales!

Segunda Lectura: 2 Corintios 12,7-10

Pablo y misión es una “rima” perenne, los quebrantos y sufrimientos, son para el Apóstol el antídoto contra la vanagloria y la soberbia; no es que él quiera para sí estos padecimientos, más aún, reiteradas veces le pidió al Señor que los librara de ellos, a lo que siempre recibió como respuesta: “te basta mi gracia, porque mi fuerza se realiza en la debilidad”. Esta certeza que le viene de Dios le hace gustar de sus flaquezas personales y sentir en su interior la fuerza de Cristo, por eso es, que cuando se siente más débil, es que realmente está siendo fuerte.

Evangelio: Marcos 6,1-6

Es verdad que hablar con personas de corazones obstinados es difícil, pero mucho peor es llegar al corazón de las indiferentes. Estas últimas son con las que Jesús se encuentra al llegar a su pueblo.

El Señor, no sólo que viene enseñando los misterio y bondades del Reino de Dios, sino que, con actitudes y hechos concretos manifiesta que ya ha llegado a ellos, sin embargo, el interés de la gente es otro:

¿De dónde sacó esa sabiduría? ¿cómo es posible que el carpintero, el hijo de “doña María, la del pueblo”, tenga tanta elocuencia y transmita semejante sabiduría? ¿cuál es el origen de su poder de hacer milagros? Para los que son escépticos frente a una realidad, no hay evidencia que valga, por eso estos compueblanos suyos, en vez de descubrir y disfrutar de la gracia de Dios que los visita, se sienten escandalizados a causa de Jesús, que, por su parte, no hizo que esperaran su respuesta: “sólo en su propia tierra, en su propia casa y entre sus parientes no valorar a un profeta?

La acotación del Evangelista que allí sólo pudo curar algunos enfermos a los que impuso las manos y no realizar algún milagro, resulta significativo porque deja claro que a diferencia de la fe de la hemorroísa y de Jairo que les dio la salud y la gracia de volver a vivir, le concedió a una y a otra algo mucho más grande: la salvación (Mc 5,23.34), aquí por su falta de fe, sólo fue posible curar a unos pocos, pero no hacerle gustar la salvación.

La sorpresa por la falta de fe de sus coterráneos, no fue un impedimento para que Jesús continúe con su misión de anunciar la Buena Noticia por todos los pueblos de la región haciendo realidad aquello que orientó a sus discípulos: si en un pueblo no los reciben, hagan evidente el hecho de la no aceptación y vayan a otro.

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