Formación

XI. Necesidad de promover la educación litúrgica y la participación activa


La Iglesia desea que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del bautismo, el pueblo cristiano, "linaje escogido sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido" (1 Pe., 2,9; cf. 2,4-5).

Al reformar y fomentar la sagrada Liturgia hay que tener muy en cuenta la plena y activa participación de todo el pueblo por medio de una educación adecuada. Es indispensable que se provea antes que nada a la educación litúrgica del clero, pues sólo la Jerarquía de la Iglesia puede introducir cambios en la Liturgia, según lo previsto en el c. 838 del Código de Derecho Canónico, el que establece que la reglamentación de la sagrada Liturgia es de competencia exclusiva de la Sede Apostólica y del Obispo, en la medida en que el derecho lo permita (§1). La reglamentación de las cuestiones litúrgicas corresponde también, dentro de los límites establecidos, a las asambleas territoriales de Obispos (§2). Lo que indica que nadie, aunque sea sacerdote, debe añadir, quitar o cambiar nada en la Liturgia (§3).

Tales normas buscan impedir los abusos en la liturgia, sin que ello implique evitar el camino del progreso. Todo progreso legítimo, requiere una previa investigación teológica, histórica y pastoral. Es muy importante, por tanto, que no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes.

En resumen:

  1. La Iglesia desea que se lleve a todos los fieles a la participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas.
  2. Solo a la Sede Apostólica y al Obispo y a la Conferencia Episcopal, en lo que les sea posible, corresponde la reglamentación de la sagrada Liturgia. por eso nadie, aunque sea sacerdote, debe añadir, quitar o cambiar nada en la Liturgia.
  3. No se debe introducir ninguna innovación en la Liturgia, si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia.

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