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“El sembrador duerme, descansa, Dios trabaja.”

por Comisión diocesana de Comunicación

TRANSCRIPCIÓN DE LA HOMILÍA DE MONSEÑOR DIONISIO G. GARCÍA IBÁÑEZ, ARZOBISPO DE SANTIAGO DE CUBA, EN LA EUCARISTÍA DEL XI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, EN LA BASÍLICA SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE, EL 13 DE JUNIO DE 2021.

“¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”. Marcos 4, 30-32

Arquidiócesis de Santiago de Cuba, El Cobre, 6 de junio de 2021: Hermanos: Son tres lecturas preciosas. La lectura del profeta Ezequiel en que nos habla de los altos y hermosos cedros del Líbano, orgullo todavía de la nación libanesa de tal manera que en su bandera está la imagen de un cedro del Líbano; aquí el Señor nos habla y toma como imagen el cedro enorme, grande, para decir que Dios hace maravillas con las cosas pequeñas. Los cedros del Líbano son precisos, enormes, pero que Dios saca maravillas allí donde nosotros pensamos que no se puede sacar. Ese es un punto.

El otro punto tiene que ver mucho con este, que es lo mismo, pero en el Evangelio, y está dicho a partir de parábolas. Es la parábola de que Dios, hacedor de todas las cosas, saca de donde no hay. Aquí, fíjense bien que el Evangelio, la Palabra de Dios hay personas que se fijan en frasecitas, y te las repiten, y muchas veces la sacan de contexto. No, la Palabra de Dios es una, y hay que leerla así completa. Recordemos la Anunciación, María, ¿cómo podrá ser eso Señor si yo no conozco varón? Para Dios no hay nada imposible.

Lo que nos quiere decir una lectura, y la otra después volveremos sobre esto. Nos quiere decir que muchas veces nosotros nos creemos que sin nosotros nada puede ser, y no nos damos cuenta que somos creaturas contingentes, podemos pasar, pero la obra que queda es la Obra de Dios. Eso sí, nosotros tenemos que cumplir nuestro papel. Si el sembrador no hubiera echado las semillas, no hubieran podido germinar, porque Dios cuenta con nosotros. Él cuenta con nosotros, pero ¿quién hace el trabajo?, el Espíritu, el Señor, hace poco celebramos la fiesta del Espíritu Santo. El sembrador duerme, descansa, Dios trabaja. Fíjense bien esos punticos.

Pero yo quería referirme en el medio de la predicación, a esta frase tan preciosa, siempre tenemos confianza, aunque sabemos que, mientras vivimos, estamos desterrados, lejos del Señor, no estamos íntimamente unidos a Él, no estamos junto a Él, con aquello que Pablo decía, ¿seremos semejantes a Él?, no. Y viene la frase: “Caminamos sin verlo guiados por la fe”. ¡Qué bello! Imaginémonos un campo oscuro, no sabemos dónde caminar, pero sin embargo la fe nos va guiando, nos va guiando, ¿y nos lleva a dónde?, por el trillo que nos conduce a dónde nosotros queremos ir. En el evangelio con Santo Tomás… “Dichosos aquellos que crean sin ver” ¿Quién es el que guía? el Espíritu. Nosotros que pasamos esta vida la vida eterna, pero tal como dice también esta segunda carta de Pablo a los Corintios, dice nosotros también tenemos que caminar por esa senda, viviendo de la fe, haciendo las obras buenas, porque entonces sí encontraremos el rostro de Dios y Él brillará sobre nosotros.

Entonces, hermanos, volvemos a lo primero. Dios hace todas las cosas, Dios las hace buenas, Dios es el que actúa y nosotros tenemos que vivir teniendo eso muy en cuenta, porque puede ser que sí, hagamos muchas cosas, tenemos obligación de hacer lo que nos corresponde a cada uno, no meternos en la vida de los demás, en lo que me corresponde. Si cada uno hiciera lo que le corresponde, sería una maravilla el mundo. Tenemos que hacer las cosas, pero siempre decir, Señor tú eres el que hace crecer la Gracias, Tú eres el que hace mover los corazones.

Esto puede darse de dos maneras, que vamos a verlas. Una creer que, porque hay un predicador o alguien que habla muy bien, y hay, como ese hombre ha convertido gente… él ha ayudado a Dios a convertir esas personas, porque el que convierte, y el que da la gracia es el Señor; eso es cuando la persona se siente muy importante. Pero puede ser que nos sintamos muy pequeñitos, y entonces sabemos que hay personas a las que uno le puede ayudar con la palabra de Dios, y uno se siente frágil, ¡ay!, no sé qué decirle, o sé qué decirle, pero no me atrevo a decírselo; yo debería darle ánimo a esta persona que está desanimado, que está sin esperanza; o esta persona que busca a Jesucristo, yo debería decirle algo. Fíjense bien que podemos pecar de dos cosas, y las dos pecando contra el Espíritu; uno creyendo que yo soy el que hago la conversión, y después por otro lado por defecto creyendo que cualquier cosa que yo diga no me van a hacer caso. No… Dios hace el trabajo, usted no sabe eso que usted ha dicho hoy cómo va a quedar en el corazón del otro; usted no sabe si va a tardar tiempo que eso florezca, no sabe.

Cuántos bejucos, árboles, nosotros vemos en este tiempo de sequía que hemos pasado, gracias a Dios que hay lluvia, en que parece que todo ha desaparecido, y de momento cae una lluviecita y todo se pone verde nuevo. Hermanos, así es la Gracia. No tengamos miedo a decir la palabra que Dios nos inspire en cada momento, vamos a hacer mucho bien, y se nos va a agradecer, y aunque la persona no la oiga, no la entienda, no quiera hacerle caso, nunca va a hacerle daño que yo le diga la Palabra de Dios, y le diga ánimo, la vida vale más que la lucha diaria que tanto nos cuesta, la vida va un poco más allá, la vida es encontrarnos con Dios.

Hermanos, uniendo esto a lo que dijimos al principio, de que Dios hace todas las cosas buenas y que Dios es capaz de escoger lo pequeño, vamos a cogernos de ejemplo nosotros mismos hermanos. ¿Cuánto esfuerzo se hizo aquí para arrebatar la fe en Jesucristo, el Señor, en Dios? ¿Cuánto esfuerzo se hizo? Un pueblo creyente, la gente vivió con desasosiego, pero el pueblo cubano sigue siendo un pueblo creyente, cada uno, católico, evangélicos, religiones africanas, espiritistas… pero creen en el poder de Dios. Parecía que iba desaparecer todo. No, los fieles del Señor están ahí, los fieles buscan al Señor, hay muchas personas que buscan al Señor, esos son los pequeños pasos, los pequeños pasitos, que parecía que nunca iba a salir la vegetación, y salieron porque estaban ahí, vamos a conservarlo.

Si por un lado se hizo un empeño grade por eliminar todo vestigio de creer en Dios, en otros lugares se inventan tantas cosas, para desprestigiar precisamente a los que creen en Dios; y desgraciadamente hay momentos en que nos desanimamos, ¡Ay, Monseñor es que los jóvenes no oyen!, es que la gente está en otra cosa; es cierto, pero la hierba no va a florecer si tú no la siembras. Si el brote pequeñito del cedro del Líbano que el Señor sembró, no lo hubiera sembrado, las aves del cielo no hubieran podido anidar en él, o la semillita esa no hubiera hecho crecer el fruto. Dondequiera vamos a tener obstáculos, pero vamos a vivir como dice Pablo en su carta, “caminamos sin verlo guiados por la fe, la victoria será de Él”, no nuestra, la victoria será de Él. Pero para eso nosotros tenemos que ser sus siervos, sus seguidores, sus hijos queridos, sus hijos amados.

Que el Señor nos ayude a vivir así.

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