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Fin de Curso en el Seminario San Basilio Magno de Santiago de Cuba

por Mercedes Ferrera Angelo

Arquidiócesis de Santiago de Cuba, Seminario San Basilio Magno, 13 de junio de 2021: Llega a su fin una etapa importante en la vida de los 13 jóvenes que han apostado por seguir a Jesús en el camino del sacerdocio y que estudian la etapa correspondiente a la Filosofía en el Seminario San Basilio Magno. Ha sido un periodo difícil y desafiante para ellos y para todos los que les han acompañado en el transcurso de este tiempo.   

La Eucaristía, celebrada en la mañana del 11 de junio, fiesta del Sagrado Corazón, en la Capilla de Ntra. Sra. de los Desamparados, que es también capilla del Seminario, estuvo presidida por monseñor Dionisio García, arzobispo de Santiago de Cuba, acompañado de Mons. Wilfredo Pino, arzobispo de Camagüey, y Mons. Silvano Pedroso, obispo de Guantánamo – Baracoa.  Junto a ellos, sacerdotes de Santiago de Cuba.

Durante la homilía, Mons. Wilfredo Pino compartió una reflexión sobre personajes de la historia que, jugando un papel secundario, llegan a tener un protagonismo imprescindible.  Así, mencionó al Centurión del que nos hablan las Escrituras, de José de Arimatea, de san José, o Juan el Bautista, a quien presentó como modelo para todos: obispos, sacerdotes, aspirantes al sacerdocio, laicos, todos, y de quien deberíamos tomar algunas ideas como el ser menos duros, aprender a rellenar los baches que tenemos en nuestra vida, y al mismo tiempo a rebajar nuestras tendencias y actitudes violentas. 

Juan, explicó, siempre habló de aquel que venía detrás de él y dejó mensajes prácticos y sencillos.  Tenía clara su misión, era el hombre del juego limpio y sabía que su papel era secundario y transitorio: “Supo brillar cuando Dios le pidió brillar y supo apagarse, cuando Dios le pidió apagarse”.

Al finalizar este curso, varios de los seminaristas, ocho en total, terminan sus estudios de Filosofía, por lo que a partir del próximo período formativo continuarán con la Teología en el Seminario San Carlos y San Ambrosio, en La Habana.  Por eso, este final de curso es además fin de una etapa, tanto para los que se van como para los que se quedan, y tiempo de sentidas despedidas. 

Para ellos, según las palabras que a nombre de los que parten compartió Rodolfo Sánchez, de la diócesis de Matanzas,  este tiempo fue un tiempo de gracia.  Agradecidos, recordaron los lugares donde han trabajado, los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos de esta diócesis, que han sido para ellos, afirman, “instrumentos de crecimiento”. 

Antes de la despedida, Mons. Dionisio García agradeció a Dios por este curso, también a los formadores, a los trabajadores del Seminario, a los sacerdotes de la Hermandad de los Operarios Diocesanos que desde hace más de diez años están al frente del Seminario, a los benefactores y a todos los que tienen alguna relación con este lugar.  Además, compartió con ellos, futuros pastores de esta tierra, su preocupación por un tema muy actual relacionado con las nuevas disposiciones del Ministerio de Educación sobre la formación de niños y adolescentes.  Después de la misa, hubo tiempo para compartir música y canto, a cargo de los seminaristas y algunos invitados. 

Ha sido este un curso por muchas razones, diferente.  Las medidas tomadas a razón de la pandemia, no permitieron que los seminaristas pudieran realizar sus actividades pastorales fuera del Seminario. Tampoco pudieron ir a sus diócesis por Semana Santa, y el contacto con gente de fuera de la institución fue prácticamente nulo.  El sacerdote nombrado para trabajar con el padre Martín Chavarría, actual Rector, aún no ha podido viajar a Cuba. Eso sin hablar de las medidas económicas que han impuesto, como para todo el pueblo, cambios en la cotidianeidad de esta institución.

Ahora, de vuelta a sus hogares, a sus familias y comunidades, tendrán tiempo para volver a vivir cada experiencia, cada lección, cada momento.  Esta etapa, aunque tal vez no lo entiendan ahora, tiene aún mucho que enseñarles a ellos y a todos. Fue un gran desafío comenzar, ahora por delante queda otro gran desafío: continuar.   

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