Formación

VIII. La Liturgia no es la única actividad de la Iglesia


En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la Jerusalén del cielo donde Cristo está sentado a la diestra de Dios.

En la Liturgia terrena cantamos al Señor el himno de gloria con todo el ejército celestial. Venerando la memoria de los santos esperamos tener parte con ellos y gozar de su compañía; cundo celebramos la liturgia aguardamos al Salvador, Nuestro Señor Jesucristo, hasta que se manifieste Él, nuestra vida, y nosotros nos manifestamos también gloriosos con Él.

A pesar de todo lo anterior, la sagrada Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión: "¿Cómo invocarán a Aquel en quien no han creído? ¿O cómo creerán en Él sin haber oído de Él? ¿Y cómo oirán si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán si no son enviados?" (Rom 10,14-15).

La Iglesia proclama el mensaje de salvación a los no creyentes para que todos los hombres conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo, y se conviertan de sus caminos haciendo penitencia. A los creyentes les debe predicar continuamente la fe y la penitencia, y debe prepararlos, además, para los Sacramentos, enseñarles a cumplir todo cuanto mandó Cristo y estimularlos a toda clase de obras de caridad, piedad y apostolado, para que se ponga de manifiesto que los fieles, sin ser de este mundo, son la luz del mundo y dan gloria al Padre delante de los hombres.

 

En resumen:

  1. En la Liturgia terrena preguntamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial, que se celebra en la Jerusalén del cielo.
  2. La Liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la Liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión.

© 2015 Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Todos los derechos reservados