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Obispo de Ciego de Ávila publica Carta Pastoral por los 25 años de su diócesis

por Comunicaciones Imago

Diócesis de Ciego de Ávila, Oficina de Comunicación, 19 de marzo del 2021: En la tarde de este viernes 19 de marzo fue publicada en las redes sociales de la Diócesis de Ciego de Ávila la Carta pastoral de monseñor Juan Gabriel Díaz Ruiz, obispo avileño, con motivo del XXV aniversario de la erección de la diócesis.

La misiva toma como título el Salmo 126: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres»; y luego de recordar la historia y de exponer la realidad actual de este territorio eclesial, Mons. Juanín motiva a los sacerdotes, religiosas y laicos a celebrar el Año Jubilar que comenzará el próximo 30 de abril.

Junto a tantos misioneros que han trabajado en Ciego de Ávila anunciando el Evangelio, aún en medio de la adversidad, Mons. Juan Gabriel recuerda en el documento al obispo primado, Mons. Mario Mestril Vega. Por la labor de los que nos precedieron y los que aún continúan sirviendo a la Iglesia es que «se ha logrado alcanzar cierta madurez y estabilidad» en la vida pastoral diocesana, expone el obispo.

A su vez, la carta muestra cómo la carencia de vocaciones y agentes de pastoral continúa siendo uno de los mayores problemas que afronta la diócesis, lo cual «es una situación dolorosa y urgente que toca lo esencial de la vida diocesana». Por ello «una de las líneas centrales de la celebración del Jubileo» será la oración por las vocaciones.

Con un mensaje de esperanza Mons. Juan Gabriel exhorta en el documento a confiar en el Señor. Pues, «así como nunca nos ha faltado la presencia de Dios en estos 25 años, tampoco Él nos dejará de la mano en lo que está por venir». Y concluye recordando cómo a pesar de ser el último año, «uno de los más difíciles que nos ha tocado vivir», han surgido iniciativas pastorales que han permitido mantener encendida la llama de la fe.

TEXTO DE LA CARTA PASTORAL

 “EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS Y ESTAMOS ALEGRES” (Salmo 126)

 

(Carta pastoral para dar inicio al Año Jubilar con motivo del XXV aniversario de la erección de la Diócesis de Ciego de Ávila)

 

A los sacerdotes, diáconos, religiosas y fieles laicos de la Diócesis de Ciego de Ávila

 

Somos una diócesis joven

  1. El 2 de febrero de 1996 el Papa Juan Pablo II erigió la nueva Diócesis de Ciego de Ávila, y el 28 de abril de ese mismo año tomó posesión de ella, como su primer obispo, Mons. Mario Mestril Vega. Veinticinco años no son muchos en la vida de la Iglesia, constituimos, en realidad, una diócesis joven, que ha logrado alcanzar cierta madurez y estabilidad en su vida pastoral.

Agradecemos a los misioneros en la diócesis

  1. Con inmenso agradecimiento hemos sido testigos del trabajo de tantos misioneros de otras iglesias hermanas que han pasado por nuestras comunidades, desafiando las barreras del idioma y las culturas. Gracias a los que prosiguen esta labor en la diócesis, podemos continuar la evangelización de esta porción del pueblo cubano.

Hacemos memoria agradecida de quienes nos precedieron

  1. No podemos olvidar tampoco a todos los que practicaron y transmitieron la fe, a veces en situaciones muy difíciles, cuando todavía éramos parte de la entonces Diócesis de Camagüey, y contribuyeron a lograr lo que tenemos y, sobre todo, lo que somos hoy en día. Muy larga sería la lista de laicos, sacerdotes, diáconos permanentes y religiosas que consagraron sus vidas en la catequesis, las visitas a los enfermos, las misiones en los pueblos sin templo y tantas otras realidades de la pastoral de la Iglesia; en ellos se cumplen las palabras de Jesús: “uno es el que siembra y otro el que cosecha” (Jn 4,37). Nos corresponde a nosotros hoy recoger los frutos que ellos sembraron con tanto esfuerzo, a la vez que nos ocupamos de continuar regando la semilla de la Palabra de Dios para el futuro.

Constatamos nuestra realidad diocesana

  1. La carencia de vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa es una situación dolorosa y urgente que toca lo esencial de la vida diocesana: el anuncio del Evangelio. Lamentamos profundamente la falta de sacerdotes y religiosas surgidos de nuestras comunidades, lo que es, en definitiva, uno de los propósitos más importantes para cualquier Iglesia diocesana y un signo de madurez y fecundidad espiritual; por esa razón una de las líneas centrales de la celebración del jubileo por los 25 años de la Diócesis de Ciego de Ávila será la oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas, también por las diaconales y laicales, imprescindibles para que nuestra Iglesia pueda, en verdad, cumplir la misión que el Señor nos ha dado: ser sus testigos en medio del pueblo en el que vivimos.
  2. En estos años, como es natural, hemos tenido momentos difíciles, complicados, particularmente por la falta de agentes pastorales, antes mencionada, no obstante, son grandes las alegrías que Dios nos ha concedido al ver el crecimiento y maduración de las comunidades en lugares donde nunca habían existido y el fortalecimiento y permanencia de las históricamente establecidas. Por ello, este año lo llamamos, con razón, “jubilar”, es decir, “lleno de alegría”, por todo lo que el Señor nos ha concedido vivir y, a la vez, tenemos una mirada esperanzada hacia el futuro diocesano: así como nunca nos ha faltado la presencia de Dios en estos 25 años, tampoco Él nos dejará de la mano en lo que está por venir.
  3. Es justo que reconozcamos nuestros fallos y pecados, porque no siempre hemos estado a la altura de lo que Dios nos pedía en cada momento de esta historia ni fuimos obedientes a los impulsos del Espíritu Santo. Reconocimiento de nuestros fallos, sí, pero con la certeza de que, en realidad, esta obra es de Dios, nosotros solo somos sus colaboradores: “ni el que siembra es algo ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (I Cor 3,7), por lo que el fruto siempre dependerá de Él, a nosotros nos toca regar la semilla, llenos de esperanza en el fruto que el Señor hará brotar de ella, a pesar de nuestras limitaciones y debilidades.

Exhortaciones finales

  1. El último año ha sido, con mucho, uno de los más difíciles que nos ha tocado vivir, en cuanto a la fe, a causa de la pandemia del Covid-19: la ausencia de celebraciones, encuentros y, por encima de todo, el no poder reunirnos en comunidad para la Eucaristía, ha sido una prueba dolorosa para todos. Al mismo tiempo, con alegría, vemos surgir iniciativas que, aunque no logran sustituir lo insustituible, sí procuran algo de apoyo y cercanía a nuestros fieles; no nos hemos quedado de brazos cruzados y esto significa que hay fe madura en los agentes pastorales y las comunidades diocesanas. Los animo, pues, a continuar dejándose guiar por el Espíritu Santo y a buscar nuevas formas de compartir la fe y anunciarla, aun en medio de las limitaciones actuales y futuras, confiados todos en que Dios nos concederá la fortaleza necesaria en cada instante.
  2. Las celebraciones por el jubileo de nuestra diócesis estarán limitadas, en parte, por la realidad que se presente en los próximos meses, pero los exhorto a hacer todo lo que sea posible y a nunca dejarse vencer por el desaliento o la lamentación estéril por lo que hubiéramos podido realizar si las condiciones fueran diferentes; dejémonos impulsar por el Espíritu Santo y celebremos con gozo estos 25 años en los que podemos exclamar, como el salmo 126: “¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres!”.

 

Con mi bendición para todos.

Dado en Ciego de Ávila, el 19 de marzo de 2021, Solemnidad de San José.

 

 

                                                                                                                Mons. Juan Gabriel Díaz Ruiz

                                                                                                                    Obispo de Ciego de Ávila

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