Formación

LOS RITOS CONCLUSIVOS (III)


PASO 37: La bendición y el envío

Este es el acto central de la despedida, al que debe darse el suficiente relieve. Conviene que el celebrante diga las palabras con lentitud y haga el gesto de la cruz con solemnidad, de manera que la asamblea se sienta enviada a continuar cada día aquello que aquí se ha celebrado, con la fuerza de la Trinidad.

Para dar relieve a la bendición, y recogiendo una tradición muy antigua, el misal prevé unas "bendiciones solemnes" y las "oraciones sobre el pueblo" que vale la pena aprovechar. Las bendiciones consisten en tres invocaciones a las cuales la asamblea responde "Amén", y terminan con la fórmula trinitaria de bendición.

El Envío, por su parte, son las palabras finales, que contienen con la máxima sencillez, las verdades más definitivas: el deseo de paz, que es el bien escatológico por excelencia, y la respuesta de acción de gracias a Dios por este don, que a la vez se convierte en acción de gracias por la Eucaristía celebrada. Estas últimas palabras de la Misa han de decirse con tono cordial.

Una manera de dar relieve a estos momentos finales de la Misa, es introducir una monición final que, como hemos dicho antes, no ha de tener por objetivo repetir y resumir la homilía, o dar consignas, sino invitar de un modo sencillo a la asamblea a retornar a su vida cotidiana para vivir en ella la fidelidad al Señor y ser testigos en medio del mundo, del amor y la bondad de Dios.

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