Formación

LITURGIA EUCARÍSTICA (XX)


PASO 34: La postcomunión

Terminada la comunión, todos se sientan y se hacen unos momentos de silencio para la oración personal. Este espacio puede estar acompañado de música y su duración dependerá del tipo de asamblea y del ritmo de toda la celebración. En todo caso, hay que tener muy presente que si este espacio se alarga excesivamente la asamblea se siente incómoda y se perjudica el ritmo de la celebración.

Entretanto los ministros retiran todos los vasos y paños sagrados del altar y se realiza la purificación. La purificación debe realizarse en la credencia, e incluso pudiera realizarse después de la Misa, en la sacristía. Lo más recomendable es evitar la purificación en el altar, como si fuera una preparación de las ofrendas, pero al revés.

En algunos lugares se tiene la costumbre de cantar un canto de Acción de gracias o de postcomunión, esta es también una posibilidad a tener en cuenta.

El rito de comunión se termina con la oración de poscomunión. La asamblea se pone en pie cuando el que preside dice la monición "Oremos". Esta oración puede decirse desde el altar, porque forma parte aún del rito de comunión, o donde la sede para enlazar ya con los ritos finales. Conviene hacer una pequeña pausa, y se recita la oración. El sentido de esta oración es recordar agradecidamente el alimento recibido, y pedir que su acción continúe en nosotros.

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