Formación

LITURGIA EUCARÍSTICA (XIX)


PASO 33: La Comunión

El celebrante muestra el Cuerpo de Cristo a los fieles, los invita a la fe y proclama la bienaventuranza de los llamados a la mesa. La fórmula debe decirse con viveza, pero no puede convertirse en un pequeño discurso exhortatorio, sino que debe mantenerse en el tono de fórmula ritual.

Después de la comunión del que preside, este da la comunión a los ministros y les entrega las patenas, luego van todos al lugar donde distribuirán la comunión. Esto no debe hacerse de manera improvisada, como si así la celebración ganara en "espontaneidad" o en "espíritu comunitario" y tampoco con rigidez; la naturalidad y cordialidad no están reñidas con la seriedad.

Es necesario que los signos ayuden a vivir el momento de la Comunión como participación plena en todo lo que se ha celebrado, para ello sería bueno que:

  • La fila que camina hacia la participación en la mesa eucarística, debe ser digna y no desordenada ni atropellada.
  • Los ministros distribuyan adecuadamente la comunión. No se debe poner la comunión sobre el altar para que cada uno vaya a tomarlo. El don eucarístico no es algo que tomamos, sino que es algo que se recibe, precisamente como lo que es, como un don.
  • Los fieles tengan una actitud digna en el momento de recibir los dones. El ministro, antes de dar la comunión a cada fiel muestra los dones diciendo: "El cuerpo de Cristo" o "El cuerpo y la sangre de Cristo"; y cada uno afirma "Amén", como un acto de fe.
  • El canto o la música verdaderamente acompañen el momento. Es importante no olvidar que también es adecuado dejar espacios intermedios de silencio (acompañados de música a ser posible), que permitan momentos de recogimiento personal.

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