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“Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

por Mons. Álvaro Beyra Luarca

MENSAJE DE MONS. ÁLVARO BEYRA LUARCA, OBISPO DE BAYAMO-MANZANILLO, CON MOTIVO DE LA NAVIDAD 2020, TRANSMITIDO POR LA EMISORA PROVINCIAL RADIO BAYAMO.

“Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:

«Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace.»

Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado.» Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. (Lc. 2, 1-20)

Hoy 25 de diciembre al salir el sol que rompe las tinieblas de la noche e ilumina a todos los habitantes del mundo, llega para todos también, el mejor saludo que podemos escuchar: FELICIDADES. “Les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”

Hace 2020 años que se escucha esta Buena Noticia y hoy se sigue acogiendo con el mismo interés. Nadie se cansa de escuchar una Buena Noticia. Es la noticia que es siempre nueva, y es siempre nueva porque hace nacer y re-nacer siempre la esperanza y la alegría: Tenemos un Salvador.

Un salvador, el salvador, el único que puede salvar a todos porque viene del reino de la salvación, del reino de los salvados: “Y de repente se reunieron con el ángel muchos otros ángeles del cielo, que alababan a Dios diciendo: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres que gozan de su amor”

Que alentador el hermoso relato del evangelio de San Lucas que acabamos de escuchar, de los hechos acaecidos esa noche hace 2020 años en tierras de Palestina. Un mundo tan lleno de problemas como lo ha sido siempre el mundo desde sus orígenes luego del pecado de Adán y Eva, nuestros primeros padres, y lo sigue siendo hoy en día. Lleno de problemas pero ahora, luego de la venida del Salvador está también lleno de posibilidades de salvación. Dios se ha hecho presente por su hijo en este nuestro mundo y sigue estando presente. Cada año en la Navidad actualizamos esa continua presencia.

En medio de los acontecimientos humanos de su época, un censo que había mandado a hacer el emperador de entonces, Dios dispone las cosas para que se cumplan las profecías del Antiguo Testamento, de que el Salvador, el Mesías como lo llamaban los israelitas, nacería en Belén de Judá. Pero en ese mundo organizado por los hombres no había lugar para él: “le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada”. NO había lugar para él; pero eso no detiene el amor misericordioso de Dios. Si los hombres no lo acogen lo acogerán los animales del establo, que también son creaturas suyas.

Y precisamente otros que tampoco tenían lugar: “Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche en pleno campo”, van a ser los primeros que lo van a acoger, les va a ser más fácil a ellos sintonizar y acoger a aquel que se encuentra en su misma situación.

Por tener tan pocas cosas a que apegarse en ese mundo y que le ocuparan su atención, estaban mejor dispuestos para percibir lo que venía de otro mundo, de arriba, del cielo: “Un ángel del Señor se les presentó, y la gloria del Señor los envolvió con su luz”. Tal vez ya se habían cansado de esperar en la vida y ya no esperaban nada, y ante lo inesperado “sintieron mucho miedo” pero el ángel les dijo: “No tengan miedo, pues les anuncio una gran alegría, que lo será para Ustedes y para todo el pueblo. Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor”

Y los pastores, dice el evangelio “Fueron de prisa, y encontraron a María, a José y al niño acostado en el pesebre” y después “…regresaron glorificando y alabando a Dios porque todo lo que habían visto y oído era tal como les habían dicho. Y cuantos escuchaban lo que decían los pastores se quedaron admirados”

Queridos todos, los pastores de Belén también estaban en situación existencial muy precaria e incierta y ello no les impidió acoger el mensaje que transformó sus vidas y los convirtió en anunciadores alegres del mensaje a todos los que le rodeaban. Porque el mensaje de los ángeles es para todos los hombres, de todos los tiempos y de todos los lugares, viene del mismo cielo que nos cubre y siempre ha cubierto a todos los hombres.

La Santísima Virgen María, la primera que acogió en su corazón e hizo posible la realización del mismo, es la misma que hace 400 años vino también a traernos a nosotros los cubanos al Salvador y desde entonces lo sostiene y nos lo presenta en su mano izquierda desde el altar del Cobre.

Tenemos razones más que suficientes para estar alegres en esta Navidad y todos los días de nuestra vida. Tenemos un Salvador, que nos salva de nuestros miedos y tristezas, de nuestros egoísmos y rencores, de nuestros errores y pecados, y ha venido a liberar a todos los oprimidos por el mal y la injusticia, la enfermedad y la soledad, y a llenarnos de su paz y amor, de alegría y de esperanza.

Acércate a Jesús y podrás tener la misma experiencia de los pastores, déjalo que Él entre en tu vida y tu corazón, déjalo que El guíe tus pasos. Todos lo podemos hacer, por eso para todos es la Buena Noticia del Ángel: “Hoy les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor”.

Con mis más profundos deseos, les deseo a todos una Feliz Navidad, que sea todos los días un renacer de la esperanza y la alegría, hasta llegar al final a la felicidad eterna de los salvados. Me despido con la bendición que ha hecho posible la venida del Hijo de Dios “En nombre de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y  Espíritu Santo. Amén”

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