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“Confiemos en el Señor, Él se manifiesta.”

por Comisión diocesana de Comunicación

TRANSCRIPCIÓN DE LA HOMILÍA DE MONSEÑOR DIONISIO GUILLERMO GARCÍA IBÁÑEZ, ARZOBISPO DE SANTIAGO DE CUBA, EN LA EUCARISTÍA DEL XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, EN LA BASÍLICA MENOR SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD DEL COBRE, EL 9 DE AGOSTO DE 2020.

“La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo” Salmo 84

Arquidiócesis de Santiago de Cuba, El Cobre, 19 de julio de 2020: Hermanos: Este Evangelio y esta lectura del libro de los Reyes, igual que el Salmo y la Carta a los Romanos, que tanto peso tiene en el conocimiento que tenemos que tener de Dios, ¡tanto Dios nos ha revelado a través de esta carta de Pablo! Pero yo quisiera referirme a un punto que en el Salmo se nos dice claro. Hemos rezado todos diciendo “Muéstranos Señor tu misericordia y danos tu salvación”.

¡Cuántas veces hemos rezado esto! A Dios siempre que le pedimos es precisamente, pidiendo su misericordia y su salvación, su cercanía, queremos sentirlo cerca. El Salmo lo resume en esta petición, pero al final del Salmo el que leía este texto nos recordaba “El Señor nos dará la lluvia y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos” Hemos rezado, con seguridad, de que el Señor vendrá a nosotros, le hemos pedido que se muestre, hemos pedido su salvación, aquí estamos rezando diciendo: el Señor cumplirá su palabra, Él lo ha dicho.

Y los dos textos de hoy van en la misma línea, tanto el texto de Elías, como el texto de esta experiencia de los discípulos, Pedro. Aquí se ve que nosotros necesitamos de la fe para descubrir a Dios, pero también se ve que Dios siempre se está mostrando a nosotros, siempre. Lo que pasa es que tenemos que saber leer los acontecimientos, y en todo acontecimiento, aunque sea duro, descubrir qué bien Dios me quiere dar.

Elías. Elías, ochocientos años antes de Cristo, era un hombre que estaba decepcionado, había predicado la misericordia de Dios, la verdad sobre Dios y el pueblo, después que había sido liberado de Egipto, lo había abandonado, y se había ido detrás de otros dioses, había dejado de cumplir la Alianza, los Diez Mandamientos. Elías se decepciona y quiere abandonarlo todo, pierde la seguridad que le da el saber que Dios está con él. Se va a una montaña, a una cueva, y entonces siente que Dios le dice: Elías levántate, escucha, mira, descubre a Dios.

Y Elías quería que Dios se manifestara a su manera, a la manera de Elías. Quería que Dios se manifestara en un viento fuerte, y de momento viene un viento fuerte. Cuántas veces nosotros decimos, Señor muéstrate, arrasa; qué pena, siempre tenemos que pedir la misericordia de Dios y la conversión. Entonces, viene un viento fuerte, Elías cree que es el Señor, pero se da cuenta que no. Ve otro acontecimiento duro, fuerte, piensa, ahí está el Señor; no. Después viene una brisa suave, y dónde menos Elías lo esperaba, ahí estaba el Señor.

Esa presencia de Dios manifestada en esa suavidad, y una brisa en la que le da fuerza a él, para volver de nuevo a hablarle al pueblo y decirle, levántate y conviértete. Dios está presente, no como muchas veces nosotros queremos que esté presente, sino como más nos conviene, como más nosotros recibiremos esa presencia, esa fuerza, ese ánimo de Dios. Ese es Elías, Dios está presente, y tenemos que tener fe porque el Señor siempre viene.

Pedro. Los discípulos están en la barca, el Señor había hecho cosas maravillosas, multiplicado los panes, ¡cuántas cosas había hecho el Señor! Cogen la barca, y entonces el acontecimiento del Señor que camina sobre las aguas. Todos se quedan nerviosos, asustados, estamos desamparados, qué temor, ¿es un fantasma? Fíjense bien, no hay confianza, hay incertidumbre, una confusión tremenda; y Pedro, el arriesgado de siempre, “Señor”, “bueno ven, camina sobre las aguas, ven” y Pedro se lanzó. Pero en ese momento Pedro se enfrió, y empezó a calcular, con cálculos humanos, “me voy a hundir” Es curioso, parece hasta cómico, pero no lo es. “Ay Pedro, qué poca fe tú tienes, si tú tuvieras fe, hubieras caminado sobre las aguas”.

Hermanos, estas son las lecturas de hoy. Esto es lo que el Señor nos dice y que nosotros tenemos que vivir y aplicar en nuestras vidas. Esto. Confiemos en el Señor, Él se manifiesta, Él está con nosotros, ésa es la fe. La fe entra por el sentimiento, sentir a Dios. Pero hay veces que no lo sentimos al lado nuestro, pero la razón y el entendimiento nos dicen que el Señor está ahí, y la fe es la que nos lanza; el Espíritu fortalece nuestra voluntad para con fe decir, Señor yo confío en ti, yo sé que Tú estarás conmigo, que Tú nos darás la lluvia, que Tú nos darás tu gracia, que Tú nos darás tu fuerza. A saber, que Dios hace converger todas las cosas para el bien de los que le aman.

Que Dios nos ayude hermanos para vivir con esa fe firme de Elías y de Pedro, y también a buscar a Dios, aun en aquellos momentos y lugares, donde nosotros creemos que el Señor no está, pero si lo buscamos, Él está presente. Que Dios nos ayude a vivir así.

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