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MENSAJE DE PASCUA DE RESURRECCIÓN “Hemos visto al Señor” Juan 20,25

por Los Obispos Católicos de Cuba

Fue esta la exclamación gozosa y esperanzadora de los discípulos al encontrarse con Jesús que, habiendo muerto en la cruz, había resucitado y se presentaba a ellos para aliviar su tristeza e infundirles confianza ante el futuro.

Los Obispos de Cuba hacemos nuestra esta proclamación que se fundamenta y brota de la fe que nos anima y sostiene, como ha ocurrido desde hace más de dos mil años en el pueblo cristiano y en aquellos que se han acercado con respeto y admiración a Jesucristo.

En este tiempo de pandemia a causa de la Covid-19 pudiéramos sentir que la preocupación, el temor y la tristeza no nos van a abandonar. Sin embargo, no es así, por la Resurrección de Cristo se nos ha abierto un nuevo horizonte, pues la vida ha triunfado sobre la muerte, el amor sobre el mal, la gracia sobre el pecado. La presencia del Resucitado ha venido a acompañar e iluminar toda soledad humana, y también a disipar todo temor.

La experiencia de la vida nos enseña que las llagas de Cristo siguen abiertas hasta el fin del mundo en los enfermos, en los pobres y en las personas que viven en soledad, en los que son víctimas de las injusticias sociales y las exclusiones. Hoy queremos acercarnos con respeto y amor cristiano, con el silencio solidario que sabe acompañar, a todos aquellos que están contagiados por el virus que tanto pesar está causando en nuestro pueblo y en toda la humanidad.

Igualmente deseamos llegar con nuestra oración al corazón de Dios misericordioso e implorar su benevolencia por el mundo del dolor que hoy no conoce fronteras. También queremos expresar un especial reconocimiento y gratitud hacia los médicos investigadores, médicos asistenciales, licenciados en enfermería, técnicos y todo el personal de salud que con dedicación y con riesgo de su propia vida están cerca de los enfermos asistiéndolos y haciendo todo lo posible por curarlos.

Pedimos al buen Dios que ilumine las mentes de las autoridades que han de tomar decisiones que inciden en la vida individual, familiar y social de todos los cubanos para que acertadamente nos ayuden a salir adelante en estos momentos difíciles y, para que, más pronto que tarde, nos permita retomar el desarrollo de una vida normal y serena, motivados para construir entre todos una sociedad más humana, justa y fraterna.

Que este tiempo, en el que la pandemia nos fuerza a estar en nuestras casas, sea oportuno para compartir en familia los recuerdos de los mayores, las ilusiones de los jóvenes y las alegrías de los niños, fortaleciendo así los vínculos de convivencia capaces de generar verdaderos hogares. Sea, además, ocasión propicia para que las familias cristianas se conviertan en verdaderas iglesias domésticas en las que se ore, se medite la Palabra de Dios y se esté atento a cómo ayudar a parientes y vecinos que puedan estar necesitados de nuestra atención y apoyo material y espiritual.

Dios es un Dios de vivos no de muertos. “La gloria de Dios es que el hombre viva”, enseñaba San Ireneo en el siglo II. Podemos afirmar que Dios está junto a nosotros cuando buscamos soluciones a la pandemia que nos azota y sigue amenazando. Él nos da fuerzas para que podamos cuidar la salud de los enfermos y socorrer a los necesitados, consolar a las familias y orar por vivos y difuntos.

Queridos hermanos y amigos:

En Jesucristo resucitado está la perenne compañía del Amigo y del Maestro. Él resucitó no para volver a vivir como antes, sino para hacer posible la presencia de su Amor victorioso para los hombres y mujeres de todos los tiempos. Él ha inaugurado una nueva y mejor dimensión de la vida humana centrada en la fe, la esperanza y el amor. Es lo que deseamos y pedimos por medio de la Madre de todos, la Virgen de la Caridad, para nuestros hermanos cubanos.

Con la cercanía de nuestro personal afecto y paternal bendición.

 

LOS OBISPOS CATÓLICOS DE CUBA

 

La Habana, 15 de abril de 2020.

Miércoles de la Octava de Pascua

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