Nosotros Hoy

Servicio de Noticias de la Iglesia Católica en Cuba

El Padre Pepe: Un testigo creíble partió a la Casa del Padre

por Miguel Albuerne Mesa

Diócesis de Cienfuegos, 9 de octubre de 2019: Luego de varios días sin abrir el correo, este fin de semana lo hice y me encontré con la triste noticia que el padre José Manuel Fernández González del Valle O.P. había fallecido el miércoles 2 de octubre y la Misa Exequial fue en la Parroquia de San Juan de Letrán, en horas de la tarde del jueves 3, y posteriormente el entierro.

Tuve la dicha por petición de Fray Manuel Uña Fernández O.P., entonces Vicario de la Orden en Cuba de escribir un libro en el 2008 sobre su vida y obra, y cuyo título es El Padre Pepe, un testigo creíble. Y hoy quiero como un pequeño tributo de recordación a su memoria, compartir con ustedes una parte del epílogo en que el Padre Pepe, usando el recurso literario del monólogo, nos narra un breve resumen de su vida y obra.

***

Durante la Misa, al ver tanta gente querida junto a mí, muchos recuerdos e imágenes me asaltaban: Me vi de nuevo, siendo niño, junto a mis padres, hermanos, primos y tíos. Pensé en María Teresa que murió joven y no pudo ver a su hermano ordenado sacerdote como sí lo hicieron papá, mamá y mi otra hermana. Estuve de nuevo correteando por el patio de la escuela de los Escolapios y haciendo planes futuros en los recesos de las clases de los Hermanos Maristas. Y mi incorporación a la Juventud Católica, y mi ingreso a la Universidad como estudiante de Derecho en parte para complacer a mi familia pues ya el bichito de la vocación religiosa rondaba mis pensamientos. Y mi encuentro con los Padres Dominicos, asesores de los jóvenes católicos universitarios, y mi decisión definitiva de ingresar a la Orden de Predicadores. Reflexioné sobre mis estudios en España, Canadá y Estados Unidos donde aprendí las disciplinas necesarias para ejercer mi profesión de sacerdote y donde me asomé al mundo y conocí muchas personas de otras culturas, pero unidas todas por una misma fe en Jesucristo, único salvador de la humanidad. Recordé, con mucho agradecimiento hacia la Virgen, el accidente que tuve el 8 de diciembre, día de la Purísima Concepción, en Estados Unidos y que por poco me deja paralítico para toda la vida. Y mi regreso a Cuba en el verano de 1959, recién estrenada la Revolución, y la alegría que en esos momentos reinaba en el pueblo.

Cuando fui ordenado como fraile dominico por el Cardenal Arteaga, el 11 de agosto de 1957, había regresado de realizar mis estudios en España, pero no había concluido los de Teología, cosa que hice luego en Canadá y Estados Unidos. Según supe después, fui el último sacerdote ordenado por las manos del primer Purpurado cubano. Adopté como lema de la misión que comenzaba el que dice: Soy sacerdote para servir a mi pueblo. Y pienso que todo lo que he hecho durante estos cincuenta años ha estado en correspondencia con lo que aquel día asumí y luego he tratado de redimir. El pueblo de Dios dirá la última palabra con respecto a si lo he logrado o no. Por designios del Señor y avatares de las circunstancias me ha tocado vivir momentos trascendentes, importantes y traumáticos de la historia de nuestra Patria. A mi regreso en 1959, y ya ejerciendo como sacerdote pleno, se me encomendaron múltiples misiones: párroco de iglesia, asesor de escuelas parroquiales, profesor de Religión, capellán de hospitales y prisiones y, lo que para los historiadores constituye un hito en mi vida: el hecho de  haber salvado el convento y la Iglesia de San Juan de Letrán de la intervención en un momento crítico de las relaciones Iglesia- Estado en Cuba. Pienso que ese hecho ha sido uno más y lo asumí, sencillamente, porque entonces pensé y ahora sigo pensando que no solo de pan vive el hombre, y que las iglesias y los conventos alimentan el ser espiritual de los pueblos, además de cumplir otras misiones en lo profético y en el servicio al prójimo. Y en última instancia porque era el único dominico cubano que había quedado residiendo en este país. Había sido, sin pretenderlo, el elegido por Dios para esta misión.

© 2015 Conferencia de Obispos Católicos de Cuba. Todos los derechos reservados