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Otra casa para el Padre

por Redacción Lumen

Diócesis de Ciego de Ávila, Parroquia de Gaspar, 19 de septiembre de 2019: “La Iglesia, con mayúscula, es la que no puede faltar, es la indispensable. Iglesia son los cristianos, son los bautizados, son los creyentes. Puede haber Iglesia sin templo. Lo que no puede faltar es la comunidad cristiana que se reúne para celebrar (…). Lo que no puede faltar es esa comunidad de creyentes que se aman, que se ayudan mutuamente y son el signo más visible de la presencia de Jesucristo en un lugar, y son allí el testimonio principal de Jesucristo.”

Estas fueron palabras de monseñor Juan Gabriel Díaz Ruíz, obispo de Ciego de Ávila, en la homilía del 14 de septiembre último, Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, durante la Dedicación del templo y altar de la comunidad de Baraguá, perteneciente a la Parroquia de Gaspar.

Noticias como esta, lamentablemente, no abundan en Cuba, pero la fortaleza del Espíritu Santo hace que no sean pocos los que dediquen largas horas de su tiempo a no escatimar esfuerzos para materializar los sueños de muchos hermanos en la fe.

Hace más de dos décadas que en ese pueblo, tierra también de inmigrantes antillanos provenientes de Jamaica, Barbados, Granada, San Vicente y otras islas del Caribe, dejó de existir un espacio físico para la comunidad católica, que se reunía en un local cedido por la administración del antiguo central Baraguá, edificado entre 1915 y 1917. La estructura de madera que la acogió durante tantos años comenzó a deteriorarse, hasta desaparecer.

Pero la Iglesia, “con mayúscula”, como resaltó Mons. Juanín, siempre ha estado, porque esa no requiere de construcciones para ser algo vivo y dar testimonio de las enseñanzas del Hijo del Hombre. Claro, un edificio confortable, bello y acogedor, siempre será motivo de regocijo.

Hoy es lo que pueden enseñar orgullosos todos los lugareños al visitante. Un templo que costó desvelos, sacrificios, horas de construcción bajo un sol abrasador y que también sirvió para conocer un poco más al hombre.

“(…) Le damos gracias a Dios y a todos los que trabajaron y ayudaron para que nosotros podamos en esta mañana sentirnos alegres y contentos porque tenemos este bello templo en Baraguá, que bendecimos en la Fiesta Patronal de la comunidad. La comunidad tiene el compromiso y la responsabilidad de ser aquí el signo visible de la presencia de Jesucristo”, afirmó el pastor diocesano ante una nutrida porción de su grey aglomerada allí, abarrotando portales y pasillos, colmando cada porción de los bancos, pues todos los parroquianos de Gaspar quisieron ser testigos del acontecimiento.

El agua bendecida roció al pueblo en señal de penitencia y en recuerdo del bautismo y también purificó las paredes de la nueva iglesia; el santo Crisma se vertió en las esquinas y el centro del altar para luego ungirlo por completo y marcó las cuatro cruces; más tarde el humo del incienso subió a la presencia del Señor. El altar fue cubierto con manteles, se adornó con flores el presbiterio y se colocaron los cirios, que se encendieron, también otros, las luces lo iluminaron todo en señal de alegría: el templo de Baraguá fue dedicado.

Ya el Padre tiene otra casa en Cuba.

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