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La Virgen María es la intercesora “número uno” para los cristianos

por Mons. Domingo Oropesa Lorente

Mensaje radial de monseñor Domingo Oropesa Lorente, obispo de Cienfuegos, por la Solemnidad de Nuestra Señora de la Caridad, Patrona de Cuba, transmitido el sábado 7 de septiembre de 2019, por la emisora provincial “Radio Ciudad del Mar”

Diócesis de Cienfuegos, Cienfuegos, 10 de septiembre de 2019: Queridos hermanos y hermanas que viven o han vivido en nuestra geografía diocesana: provincia de Cienfuegos y municipio de Trinidad.

Dios nos concede el gozo y el júbilo de vivir un año más la Fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. ¡Qué alegría tan inmensa poder conmemorar a nuestra Madre del cielo aquí en la tierra!

Queremos dar las gracias a nuestra emisora provincial “Radio Ciudad del Mar” y a las autoridades por poder ofrecerles a todos ustedes un nuevo mensaje radial por la Solemnidad de nuestra Madre del cielo.

La Virgen María tuvo y tiene una misión, una colaboración eterna con Dios: amarnos como sus hijos. Es nuestra Madre en el orden espiritual. Y esto lo ha entendido y anunciado siempre, gracias a Dios, la Iglesia Católica. La Virgen es nuestra Madre que intercede, acompaña, anima, fortalece, nos acerca a Cristo, al misterio trinitario. Y tiene un eterno deseo: amarnos siempre en el cielo.

La Virgen María, hay que decirlo, padeció en este mundo un cúmulo de dificultades y con escasos medios. Pensemos en su caminar a Belén para el nacimiento de su Hijo el Salvador, o huyendo a Egipto por la amenaza del rey Herodes. Su vida en la tierra tiene sus contratiempos hasta alcanzar en cuerpo y alma la gloria el cielo. Es un auténtico modelo vivo de fidelidad al plan de Dios en Ella y para el mundo.

Hay quienes quieren hacernos ver el trato con la Virgen, nuestra devoción a Ella, como algo anticristiano, antievangélico y en contra de Cristo Salvador.

Si vamos a la Biblia encontramos muchos y edificantes colaboradores de Dios elegidos por él: Abraham, Moisés, los Profetas, hombres y mujeres fieles a Dios. ¿Ayuda paras la vida del cristiano leer, por ejemplo, la vida de Abraham? ¿Es edificante el testimonio apostólico de San Pablo? ¿Y de este mundo no habrán sido edificantes los testimonios de tantas personas que nos han ayudado a conocer a Cristo? Y otra pregunta: ¿El que ha muerto en el cuerpo y alcanza la vida eterna se desocupa totalmente de los quedan en este mundo? Y, ¿no amará a los demás salvados en el cielo?

Ya sabemos que el Redentor, el único Salvador es Cristo en y con el misterio trinitario. Pero Dios ha buscado colaboradores, muchos colaboradores. Y hay que hacerse esta otra pregunta: ¿Los personajes más relevantes de la Biblia, una vez que se acaba su vida en este mundo, quedan sin relación e intercesión con los que todavía viven en la tierra? Como si cada uno nos dijera: “Yo ya estoy en el cielo, mira cómo tú consigues lo mismo, ayúdate del Salvador, pero no esperes nada de mí”. ¿Está rota la comunicación entre la parte de Iglesia celeste y la parte de Iglesia terrena? Un dato importante: Moisés y Elías vinieron hablar con Cristo en el Monte de la Transfiguración de lo referente a su muerte. Cristo ya hablaba con su Padre y estaba lleno del Espíritu Santo y no alejó de si a Moisés y Elías. Y en el desierto, después de los cuarenta días de ayuno los ángeles le sirvieron de comer y en Huerto de los Olivos un ángel lo confortaba.

Si contemplamos la figura de la Virgen realmente Ella es impresionante: el ángel Gabriel la llama “Llena de gracia”, su prima Isabel le dirá: “El Señor está contigo”, y, en el canto inspirado en la casa de Zacarías, la misma Virgen dirá iluminada por Dios: “El Poderoso ha hecho obras grandes por mí”.

Simeón en el Templo de Jerusalén le dirá proféticamente: “Y a ti una espada te atravesará el alma”. Y el mismo Simeón habiendo recibido a Jesús Niño de brazos de la Virgen exclamará: “Ahora, Señor, ya puedes dejar a tu siervo irse en paz”.

Doce años más tarde el Evangelio recoge: “Fue con ellos (con María y José) a Nazaret y les estaba sometido”. Y el primer milagro de Cristo, en las Bodas de Caná de Galilea, será por la intercesión de la Virgen María.

Ella acompaña a su Hijo Jesús durante la vida pública de éste y “guarda sus palabras en su corazón”. En un momento, Cristo, resaltará de su Madre que es dichosa porque “escucha la Palabra de Dios y la cumple”.

Y hay, además, dos momentos a destacar en la vida de la Virgen María: el estar al pie de la cruz y esperar, con la Iglesia naciente, al Espíritu Santo el día de Pentecostés. Realmente es asombrosa la obra de Dios en la Virgen María. Pero, ¿para a quiénes beneficia? ¿Sólo a algunos que la conocieron en su etapa terrena? No. La Virgen sigue siendo beneficiosa para todos nosotros y en todos los momentos de nuestra vida. Está viva y nos ve con sus ojos y nos habla con su boca.

Junto a Cristo crucificado estaba su Madre y nos la dio como Madre nuestra en la adopción espiritual. Cristo establece la relación maternal. No parece muy lógico que Cristo diera los títulos de madre e hijo por la posible casa de acogida para María preparada por parte de Juan, el discípulo amado. En Pentecostés recibe al Espíritu Santo como los doce apóstoles y los demás discípulos. Ella acompañó a la Iglesia naciente y siempre a la Iglesia presente.

Y llegará el momento de su Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Y cabe otra pregunta: Diría la Virgen: “Hay os quedáis que yo me voy. Ni me acuerdo ni me ocupo de vosotros, y  menos aún de los que vengan en tempos posteriores. Ya no existís para mí”.  Porque dirán algunos ignorantes que Cristo le dijo a su Madre: “Yo soy el único Salvador y yo me ocupo de todo, por lo tanto tú no harás nada de nada, no sentirás ni harás nada por nadie”.

¿Podría afirmarse que la Virgen María sólo amó a los que conoció en la tierra y los que están con Ella en el cielo? Indudablemente que no. Cristo y sus colaboradores siguen amando a todos los hombres y mujeres de este mundo. La Iglesia Católica siempre ha creído y ha enseñado el valor de la intercesión de la Virgen, de los Santos y de los Ángeles, a favor de los que caminan hacia la salvación eterna. Y de todos los mediadores, colaboradores, intercesores, la número uno es la Santísima Virgen María. Cristo la tiene a su lado y la llena de su amor a favor de todos los hombres, porque todos los miembros de la Iglesia celeste se aman y aman a los que todavía peregrinan en este mundo.

Tengamos siempre a la Virgen María como nuestra Madre que nos protege y ayuda por el deseo y fuerza que recibe de su Hijo. Y la Virgen en su advocación de la Caridad de El Cobre se nos manifiesta como Patrona de Cuba. Ella pide al Señor por todos nosotros y desea tenernos con ella en el ser trinitario de Dios que es Amor infinito y eterno.

¡Que el Señor nos bendiga y la Virgen de la Caridad nos proteja!

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