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¿Qué es el «hecho religioso»?

por P. Jesús Garmilla Zapatero

Diócesis de Ciego de Ávila, Ciego de Ávila, 23 de agosto de 2019: En su nueva andadura en la Diócesis de Ciego de Ávila, el Aula de Teología para Laicos inició sus sesiones con la asignatura «Fenomenología del hecho religioso». Y es que, cualquier profundización en la ciencia teológica, debe partir de una aproximación al amplio y complejo mundo de «las religiones».

Especialmente desde el siglo XIX, las Ciencias Humanas vienen preguntándose sobre la dimensión religiosa de los seres humanos. Nace así un nuevo campo de pensamiento que engloba una serie de disciplinas relacionadas con las religiones. Así, la «psicología de las religiones», «la sociología de las religiones», «la historia de las religiones», y otras ramas afines, pueden insertarse en el amplio concepto de «fenomenología» de lo religioso, es decir, «el fenómeno», «el hecho», de la vida religiosa.

En la actualidad nadie discute que los seres humanos, desde que fueron adquiriendo conciencia refleja de sí mismos en la lenta pero innegable evolución de la Humanidad, han experimentado una experiencia interior, con evidentes muestras de expresión externa, de un mundo íntimo, denso y complejo, al que podemos llamar «religión».

En la gran mayoría, por no decir en la totalidad, de los pueblos y culturas más ancestrales, encontramos manifestaciones de esa dimensión humana. Los mitos, los ritos, los símbolos, las danzas y ceremonias, todo el amplio espectro de la magia, el mundo esotérico, la búsqueda de un Absoluto «más allá de lo cotidiano», dan razón de esa realidad, no siempre suficientemente comprendida o explicada, de la necesidad humana de trascender el mundo de la inmanencia para atisbar, al menos, el mundo de lo sobrenatural, el mundo de la Trascendencia.

Son innumerables las «pruebas» que nos han dejado nuestros ancestros a lo largo de la historia y en prácticamente la totalidad de nuestro Planeta: dibujos y pinturas rupestres, petroglifos, objetos rituales, monumentos funerarios y enterramientos, edificaciones claramente «religiosas», y más tardíamente, documentación escrita de los sentimientos, emociones, rituales, manifestaciones de ideas y creencias, códigos éticos, hermosas y a veces crípticas expresiones artísticas, etc., que son testimonio incuestionable de que el ser humano es un ser religioso.

En estas pocas palabras es imposible sintetizar lo que realmente significa el «hecho o fenómeno religioso», serían muchas las acotaciones, explicaciones, matices, que habría que resaltar. Baste con dejar constancia, en primer lugar, de una especie de «ADN religioso» en los seres humanos, que encontramos, como acabo de decir, en la práctica totalidad de las culturas prehistóricas hasta nuestros días. Es imposible conocer con exactitud «cuándo» debuta la religiosidad en los primeros grupos de homínidos. Es cierto, también, que no todas las culturas humanas ni, asimismo, todas las personas sienten, o padecen -como dicen algunos místicos- esa «dimensión religiosa». Conocemos muchas personas que «no son religiosas», o que no expresan, al menos, una «necesidad del mundo de la Trascendencia»; hay que contar con una cierta «sensibilidad religiosa» que no todos los humanos experimentamos existencialmente. La «experiencia religiosa» -porque de una «experiencia personal» se trata- no es algo universal.

El Cristianismo es una religión, histórica, universal. Antes que cristianos, somos «religiosos». Mucha gente en esta sociedad postmoderna, generalmente indiferente ante las religiones tradicionales, busca nuevos caminos espirituales, a veces difusos, esotéricos, gnósticos, ambiguos, pero hemos de acompañarles en esa búsqueda, siempre legítima de «lo totalmente Otro», especialmente aquellos que, en Cuba, buscan un sentido más hondo a sus vidas.

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