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Carta de Mons. Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba, con motivo de la II Jornada Nacional de la Juventud

por Mons. Dionisio García Ibáñez

Santiago de Cuba, 29 de junio de 2019

Estimados jóvenes, asesores de los grupos de jóvenes, miembros de las Comisiones Diocesanas de Pastoral Juvenil, agentes de pastoral y fieles:

  1. Con fecha de 16 de mayo de 2019 les escribí la carta de convocatoria para celebrar en Santiago de Cuba la II Jornada Nacional de la Juventud (II JNJ). Todos conocemos el significado de esta celebración para nuestra Iglesia y principalmente para los jóvenes: es una continuación de la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá pues, de esta manera, ellos se solidarizan con todos los jóvenes de la Iglesia Universal.
  2. Desde hace 3 años, en 2016, la Arquidiócesis de Santiago de Cuba fue escogida como sede de la misma y encargada de su preparación. Ustedes saben que desde ese mismo momento nuestra Arquidiócesis tomó en serio dicha responsabilidad. A partir de enero de 2018, es tema prioritario y las comisiones, creadas al efecto entre los jóvenes, han trabajado con mucha dedicación. Lo mismo ha ocurrido en las demás Diócesis produciéndose en general un renovado compromiso y entusiasmo en la Pastoral Juvenil.
  3. La Iglesia que está en Santiago se ha preparado para recibir a los jóvenes peregrinos con los brazos abiertos y la hospitalidad que caracteriza a los santiagueros, abriendo sus casas, comunidades, familias y corazones para que todos se sientan bien entre nosotros
  4. Ha sido para Santiago un tiempo de mucho trabajo. La planificación del evento se ha hecho, a partir de las condiciones económicas, de transporte y servicios existentes, inmediatamente después de Panamá. Sin embargo, en los últimos meses, las condiciones económicas han cambiado sustancialmente afectando, de una manera u otra, muchos ámbitos de la vida nacional, lo que crea incertidumbre y preocupación en no pocos. En nuestro caso, la subida de precios y escasez de muchos artículos y la limitación de servicios, principalmente el transporte la hacen, en opinión de los consultados, prácticamente irrealizable según como se había preparado.
  5. Es obvio constatar que la inseguridad en el transporte es un obstáculo práctico difícil de vencer. A esto añadimos, y es lo más importante, que el alto costo que actualmente tienen los servicios nos cuestiona desde el punto de vista evangélico y ético, sobre si debemos asumir costos tan elevados en medio de necesidades más urgentes y esenciales, además del hecho de que no contamos con  estos recursos, como Iglesia necesitada que somos.
  6. En vista de esta nueva situación, los obispos, después de discernirlo y consultarlo, y teniendo en cuenta que lo más importante es lograr los objetivos que nos propusimos inicialmente con la celebración de la II JNJ, tomamos la decisión de continuar con los preparativos para su celebración, pero reorientando y ampliando la sede de la misma: esto es, de una sola sede en la ciudad de Santiago de Cuba a varias sedes, una en cada Diócesis. Allí, teniendo en cuenta las dificultades arriba expresadas y las nuevas que se puedan presentar, nos adaptaremos a los nuevos escenarios de manera que las expectativas y el trabajo realizado en la preparación redunde ahora con mayor fuerza en el logro y éxito de cada celebración diocesana a partir del mismo esquema previsto en sus diferentes componentes, de manera especial, en la experiencia misionera de los participantes.
  7. Esta decisión, tomada a partir de la realidad, no debe restar entusiasmo, al contrario, nos ayuda a enfrentar situaciones inesperadas, nos reta y les reta principalmente a ustedes, jóvenes, a descubrir que lo más importante es alcanzar la meta propuesta. Recordemos que el primero de nuestros objetivos nos dice con mucha claridad que: La JNJ no es un evento, es parte de un PROCESO, que se inserta en nuestro Plan Pastoral Nacional. Reorientar la JNJ no es ceder ante una situación, sino al contrario, es hacerle frente a la misma, a partir de la dosis de renuncia y sacrificio (cruz) que la misma reclama. No es un sucedáneo, sino es vivir y testificar en la propia Diócesis, lo que se había proyectado realizar en Santiago.
  8. Estas situaciones difíciles solo podemos superarlas y enfrentarlas como cristianos priorizando el aspecto espiritual. Debemos leer este acontecimiento con los ojos de la fe, tal como expresa San Pablo a los Romanos, cuando escribe: “para quienes aman a Dios todo concurre para el bien” (8,28). Esperamos que esta realidad sea afrontada por Ustedes, jóvenes, a quienes el apóstol Juan escribió siendo ya anciano: “Les escribo a ustedes, jóvenes, porque son fuertes y han aceptado la Palabra de Dios en su corazón” (1 Jn. 2,14). Les propongo reflexionar en los grupos estos textos durante este mes de preparación. Debemos aprender a descubrir los designios de Dios en cada acontecimiento. Además, haciendo frente a las dificultades sin desaliento es como crecemos como personas y aprendemos a luchar para alcanzar las metas que nos proponemos en la vida.
  9. Que el peregrinar misionero y los diferentes eventos que íbamos a realizar en Santiago de Cuba se hagan en cada una de nuestras Diócesis, en los mismos días, (del 1 al 4 de agosto) y, en lo posible, en las mismas horas. Así nos sentiremos más unidos los unos a los otros. Tal vez, de esta manera, muchos más jóvenes puedan participar. Este puede ser un nuevo reto.
  10. Recordemos el esquema de celebraciones concebido para la Jornada:
  • Acogida a los jóvenes de las otras comunidades de la Diócesis.
  • Ceremonia de Apertura.
  • El Viacrucis por las calles.
  • La Peregrinación a un templo dedicado a la Virgen.
  • El apoyo misionero a las parroquias y el dirigido a otros jóvenes
  • Las catequesis.
  • La adoración al Santísimo, el tiempo dedicado al sacramento de la Reconciliación. La Eucaristía final.
  • Ceremonia de Clausura.

             En este nuevo desafío, se sentirán acompañados con la disponibilidad y la oración de todas nuestras comunidades durante la celebración de la II JNJ para que:

  • Se fortalezca su compromiso bautismal teniendo a la Virgen María como modelo: “A Jesús por María”.
  • Se reafirmen en su condición de “Discípulos Misioneros y Testigos de su fe”, en la familia, la comunidad y en la sociedad.
  • Descubran que Dios tiene un plan de salvación para cada persona. Que cuenta con todos y cada uno de nosotros. Eso sólo se descubre desde la generosidad, el compromiso y la búsqueda seria y sincera de la Vocación a la que el Señor nos llama.
  1. En este mes de julio las Comisiones Diocesanas de Jóvenes apoyadas por el obispo, sacerdotes, religiosas comunidades y fieles deben volcarse a la preparación de la JNJ. De esta manera quedará más renovada y reforzada la integración de la pastoral juvenil a la vida diocesana, parroquial, y entre los mismos grupos de jóvenes de una misma diócesis. Así los jóvenes también experimentarán la cercanía de la Iglesia y la atención privilegiada que esta desea brindarles. Los jóvenes son los hijos menores y la esperanza de la familia, la Iglesia y la sociedad. Son privilegiados pues han sido llamados por Jesús a ser sus testigos. En este momento y siempre, Cuba y la Iglesia cuentan con Ustedes.

Ánimo. Contamos con la fuerza del Espíritu y con el ejemplo de los mártires y santos.

En la Fiesta de San Pedro y San Pablo. Con mi bendición y la de todos los obispos.

 

+ Mons. Dionisio García Ibáñez

Arzobispo de Santiago de Cuba.

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