Formación

Habla, Señor: Solemnidad de la Santísima Trinidad (16 de junio de 2019)


Primera Lectura: Proverbios 8,22-31

El libro de los Proverbios, sabiamente trasluce el misterio de Dios Creador, y con las limitaciones de su época, prepara al pueblo para comprender el misterio de Dios-Amor quien es Uno-y-Trino. Lo hace “recitando” este hermoso poema, en el cual presenta a la Sabiduría como una persona que revela la verdad de su ser.

En su voz, podemos escuchar la voz del Hijo, -que, por cierto- no es una creación del Padre, sino tal como lo confesamos en el Credo: es “engendrado, no creado”; pero, como decíamos en el párrafo anterior, con sus limitaciones propias revela la eternidad del Verbo Creador del Padre. La Sabiduría, se presenta como primicia de la actividad de Dios, creada desde la eternidad, engendrada antes de toda la creación.

Arriba decíamos que se presenta como una persona, engendrada por Dios desde la eternidad, no sólo se presenta con rasgos, sino también actitudes humanas y, más aún, la de un niño que juega en el “patio” o como un joven que aprende. Es la alegría cotidiana del Señor, su candor y alegría es compartida con los seres humanos.

El Prólogo de Juan da “peso y volumen” al poema, y a nosotros, la luz para entenderlo, cuando afirma: “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios. Todo se hizo por ella, y sin Ella no se hizo nada. Lo que se hizo en Ella era la vida… y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”.

Lucas, el evangelista de la alegría, al anunciar el nacimiento de la Palabra hecha carne, pondrá en boca del Ángel: “Les anuncio una Buena Noticia que será gran alegría para todo el pueblo…” y después que los pastores experimentaron esta verdad: “volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto”.   

Segunda Lectura: Romanos 5,1-5

Hace unos años leía a un autor que afirmaba, que la Carta a los Romanos es el “Lago de los cisnes” compuesto por san Pablo, pero cuando leemos pasajes como este, se nos despiertan todas las imágenes de la vida y nos faltan las metáforas para representarlo; como “botón de muestra”, cojamos algunas traducciones de la Biblia y veremos la variedad de títulos empleados por los traductores. A propósito de los títulos, me gusta el subtítulo de la Biblia “Dios habla hoy” que reza así: “La prueba de que Dios nos ama”.

Pablo, el “loco” de la cruz y del amor, sin negar los sufrimientos que trae aparejado la opción por el seguimiento de Cristo, afirma de modo categórico que nuestra esperanza de la salvación no es una quimera y mucho menos un fraude, porque se funda en el amor que el Señor derramó en nosotros al darnos el Espíritu Santo.

Decíamos que Pablo no niega los sufrimientos, más aún, los convierte en la primera estación de un “vía crucis” que, de allí en más, concadenará ascendentemente una virtud con otra: el sufrimiento produce paciencia, la paciencia una virtud sólida, la virtud sólida la esperanza que no defrauda, porque se funda en la virtud de las virtudes: el amor. Amor que vino a nuestros corazones como fruto supremo y eterno don del Espíritu Santo. 

Evangelio: Juan 16,12-15

La misión de Jesús en la tierra está tocando a su fin, Él es consciente de que la voluntad redentora del Padre está a punto de consumarse, pero que la comprensión de este misterio de amor, requiere de una motivación interior que los discípulos aún no han alcanzado; de allí su aclaración y su advertencia.

El Discípulo amado, destaca las palabras de Jesús que manifiestan la profunda y eterna intimidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y como cada una de las Personas divinas tienen un tiempo oportuno y una misión particular mientras se “teje” la Historia de salvación de la humanidad: ahora comienza el tiempo del Espíritu Santo.

El Padre Creador, de diferentes maneras habló y preparó a su pueblo para recibir al Salvador, que al cumplirse la plenitud de los tiempos se encarnó de una mujer; el Hijo, nuestro Redentor y Salvador vino a hacer la voluntad del Padre, con gestos y palabras hizo evidente el Reino, y particularmente, con su entrega en la cruz mostró su rostro lleno de amor, de misericordia y clemencia. De ahora en adelante, es el Espíritu Santo quien llevará a plenitud la obra de Jesús.

La comunión plena en el amor de Dios, es plena comunión en la misión; Jesús en su momento confesaba abiertamente, que las palabras que el pronunciaba no eran propias sino del Padre y que el Espíritu Santo que el Padre enviaría en su nombre, haría memoria de ellas y las enseñaría (Jn 14,24-26). Ahora, el Señor insiste en que, el Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad que guía para que se pueda comprender la verdad plena; así como Jesús enseñó lo que aprendió del Padre, el Espíritu, tampoco hablará por propia cuanta, sino que dirá todo lo que escuchó de Jesús y todo lo que revele a lo largo de la historia, lo recibió de Jesús.

Lo propio del Padre, es lo propio de Jesús y lo propio de ambos nos los revela el Espíritu Santo, el Señor y dador de vida que procede del Padre y del Hijo, y con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria.

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