El capítulo 2, del folleto “La Misión Continental para una Iglesia Misionera” está dedicado precisamente a definir los aspectos centrales de lo que Aparecida ha llamado la “Misión Continental”. El apartado 5 de este capítulo está dedicado a la pedagogía de esta misión. Es un apartado bastante extenso, y muy denso, pero que ofrece las claves para que la Misión Continental no se quede en una mera acción esporádica, sino que devuelva a todas las comunidades, y en especial a los bautizados, su esencia misionera, que se desprende del hecho de ser discípulos del Señor.
Hoy presentamos un primer tema de esta pedagogía que nos habla del proceso evangelizador. Puede consultar el folleto completo o descargarlo desde la página web del CELAM, www.celam.org
<<Cinco aspectos de un proceso evangelizador
En el proceso de formación de los discípulos misioneros destacamos cinco aspectos fundamentales, que aparecen de diversa manera en cada etapa del camino, pero que se compenetran íntimamente y se alimentan entre sí: el Encuentro con Jesucristo, la Conversión, el Discipulado, la Comunión y la Misión.
Esto implica:
• conocer las búsquedas de las personas –y los pueblos– que Dios nos confía, y llevarlas a un encuentro con Jesucristo vivo,
• que suscita una actitud de conversión,
• y la decisión de seguir los pasos de Jesús,
• para que, viviendo en común-unión con Cristo, como con-vocados por Él, dentro de la comunión de la Iglesia, crezca y sea vivo un fuerte sentido de pertenencia eclesial,
• y un proceso de formación integral, kerigmática, permanente, procesual, diversificada y comunitaria, que contemple el acompañamiento espiritual,
• los bautizados asuman su compromiso misionero y pasen de evangelizados a evangelizadores, a fin de que el Reino de Dios se haga presente y así nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños tengan vida en Él.
Estas dimensiones del camino podemos explicarlas con palabras que encontramos en el mismo evangelio, y que describen el proceso de encuentro, formación y envío, de quienes reciben la vocación de ser discípulos misioneros para que los pueblos tengan vida en
Cristo:
• Todo comienza con una pregunta: ¿Qué buscan? (Jn 1, 38). Comenta el documento de Aparecida 279 a:
Quienes serán sus discípulos ya lo buscan.
Se ha de descubrir el sentido más hondo de la búsqueda, y se ha de propiciar el encuentro con Cristo que da origen a la iniciación cristiana. (Búsqueda).
• Los discípulos, que quieren encontrarse con Cristo, le preguntan: “Maestro, ¿dónde vives?” (Jn 1. 38). Jesucristo los invita a vivir una experiencia:
Vengan y lo verán (Jn 1, 39), Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14, 6). (Encuentro).
• Encontrando a Felipe le dijo: Sígueme (Mt 4,19), y más tarde, junto al lago de Galilea, asombrados por la enseñanza del Maestro y por la pesca milagrosa, también Pedro, Andrés, Santiago y Juan, dejándolo todo, le siguieron. (Conversión y Discipulado).
• Los llamó para que estuvieran con Él (Mc 3, 14) y “permanecieran en su amor”, formando una comunidad de discípulos, que más tarde fue conocida por su solidaridad, y por su unidad en la oración, en la fracción del pan y en la enseñanza de los apóstoles (cf. Hch 3, 42ss). (Comunión).
• Pero la llamada de Jesús al discipulado es inseparable de la vocación misionera. Ya en el encuentro a orillas del lago les manifiesta su propósito: Os haré pescadores de hombres, y cuando llama a los doce les dice explícitamente que los llama para enviarlos a predicar (Mc 3, 14). Y antes de ascender a los cielos, los envía a hacer discípulos a todos los pueblos, bautizándolos ... (Mt 28,19). (Misión).
Para lograr este proceso, y recuperar a personas que se han alejado “hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes”:
• “un encuentro personal con Jesucristo, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral”;
• “la vivencia comunitaria [pues] nuestros fieles buscan comunidades donde sean acogidos
fraternalmente … Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsable en su desarrollo”;
• “una formación bíblica-doctrinal […] acentuadamente vivencial y comunitaria” que es necesaria para madurar la experiencia religiosa y se percibe como una “herramienta fundamental y necesaria en el conocimiento espiritual, personal y comunitario”;
• “el compromiso misionero de toda la comunidad… que sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella”.
Hay que ser concientes que sólo surgirán discípulos misioneros si en el proceso enunciado, nuestras comunidades se comprometen con la evangelización de los bautizados que no tienen conciencia de ser discípulos, acompañándolos para que puedan vivir una maduración paulatina hacia la voluntad de servicio y, así, respondan al envío que el Señor les da por medio de la Iglesia.
En esta vivencia, la renovación de la conversión personal y pastoral de los pastores y de todos los consagrados es un elemento indispensable para que el testimonio coherente de vida sea el cimiento pedagógico fundamental. |